¿Tiempo de crear?

Las grandes obras las sueñan los locos visionarios, las ejecutan los luchadores natos, las disfrutan los cuerdos felices y las critican los inútiles crónicos

Nos encontramos en un momento histórico social donde muchos de los parámetros con los que hemos crecido han cambiado, se encuentran obsoletos o fuera de lugar. El cambio de escala al nivel global, el salto de la tecnología al centro de las relaciones sociales y laborales, el mercado como patrón de valores,  la mutación del modelo de empleo al modelo de servicio. A nivel local, la falta de políticas de apoyo a la cultura, el desangramiento a base de impuestos de los emprendedores autónomos y la precarización de los derechos de las personas trabajadoras. Sin olvidar el histórico “techo de cristal para la mujeres” que, aunque hay retrocedido unos pasos se encuentra en plena vigencia.

Con esta introducción podría pensarse que la condiciones para establecer emprendimientos culturales con las peores del siglo recién nacido, pero yo creo que no. El deterioro del “estado de bienestar” basado en el consumo nos ha hecho un gran regalo: volver a preguntarnos, a cuestionarnos a nosotras mismas y, a partir de allí, a reunirnos, a pensarnos juntas, a crear posibilidades.

Mi vida en Sevilla tiene doce de trayectoria, cuando llegué a esta ciudad, en enero de 2006, las escuelas de teatro se contaban con una mano, y las salas con la otra. No existían asambleas barriales, ni homólogos, salvo alguna honrosa excepción las compañías no iniciaban una producción que no tuviera una subvención asegurada y muchas obras crecían a la luz de “lo que se podía vender”. Era la época de las vacas gordas, los circuitos bien pagados y las funciones gratuitas en las que, muchas veces, el público era escaso.

Hoy hay teatro, música y danza hasta en las azoteas, se han desarrollado  fusiones, nuevas propuestas interdisciplinarias, grupos de investigación, reciclaje de espacios, exploración de formatos y lenguajes, apertura de nuevos enfoques formativos, llegada y desarrollo en la ciudad de disciplinas, géneros y tendencias antes desconocidas. Acompañando a los  procesos de reorganización social, de construcción del aprendizaje, el consumo, la crianza, la educación, la producción y la economía.

Porque el arte siempre es un emergente social, porque la vida se impone ante todas las dificultades y porque ante el vacío de sentido somos capaces de reescribir la poesía que nos define, este es un duro momento económico y un gran momento social para crear la vida que queremos.

Patricia Davis

Patricia Davis

Llevo más de 25 años trabajando con grupos, focalizada en el desarrollo tanto a nivel personal como grupal y comunitario.

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